EDUCACION

Cómo potenciar la buena educación en nuestros hijos La mejor forma de enseñar a nuestros hijos a ser personas educadas y con buenos modales es a través del ejemplo. Si hacemos de nuestros hijos niños educados, le estaremos facilitando el trato con las demás personas y enseñándoles a ser respetuosos y considerados con los demás. 1. La educación de los hijos 2. Los buenos modales 3. Buenos modales en la mesa 1. La educación de los hijos Padres. Deben guiarlos y orientarlos para que siempre tengan una actitud educada. El comportamiento de los hijos es el resultado de su naturaleza y de la educación que reciben. Según cómo los orientemos, eduquemos, les demostremos afecto, motivemos y según se desarrollen en su entorno familiar y social, así se constituirá su forma de actuar y de ser. Junto con su naturaleza, la educación que reciben de los padres formará su personalidad. Los padres deben guiarlos y orientarlos para que tengan una actitud educada en todo momento, han de marcar límites y dejarles claro qué esperan de ellos y cómo deben actuar. Para ello, han de ser claros y concretos. En lugar de utilizar expresiones como "pórtate bien" o "se un niño bueno" deben especificar la conducta que esperan de ellos: "utiliza bien los cubiertos" o "habla bajito en la biblioteca". La mala educación puede hacer que un niño quede distanciado de sus compañeros o que sea el amigo menos deseable por los padres de éstos. Es el caso de los niños que tienen un comportamiento grosero, que continuamente se ríen de los demás, que no saben compartir y que carecen de respeto hacia los otros. No obstante, debemos hacer una excepción con algunos que piensan que ser maleducado es divertido y que les hace ser más populares entre sus compañeros. Suelen tener una edad comprendida entre los ocho y los once años. Generalmente, cuentan con la aprobación de sus amigos, a los que el mal comportamiento puede resultarles divertido porque es atrevido y desafiante. En estos casos, debemos estar más pendientes de ellos e insistir más en la buena educación y en la importancia del respeto y la consideración hacia los demás. 2. Los buenos modales En España hay un refrán que reza: "Educación y buenos modales abren puertas a raudales", y no le falta razón. Los buenos modales facilitan las relaciones con los demás y las hacen más agradables y positivas. Cuando a los niños se les enseñan buenos modales desde pequeños, crean el hábito de utilizarlos y se convierten en su forma natural de actuar. Con el tiempo se convertirán en adultos que sabrán comunicarse positivamente de forma correcta y con respeto. Si pretendemos enseñar buenos modales a nuestros hijos, debemos actuar con el ejemplo. Hemos de tener en cuenta que ellos imitan el comportamiento de los adultos y que, por tanto, aprenderán de los modales de sus padres imitándolos aunque se les diga otra cosa. No podemos pretender que un niño utilice correctamente los cubiertos si sus padres no lo hacen. Es importante saber qué decirle y qué exigirle según la edad que tenga. Alrededor de los dos años podemos enseñarle a decir: "gracias" y "por favor" y, a saludar y despedirse mostrándoles cómo lo hacemos nosotros y pidiéndoles que actúen de igual forma. A partir de los tres años empiezan a relacionarse con los demás, es un buen momento para avanzar en este aprendizaje. Deben aprender a compartir sus juguetes, recoger su cuarto al terminar de jugar y a ser pacientes y esperar por aquello que desean sin perder la calma. A la edad de seis años han de saber comportarse correctamente cuando van a casa de algún amigo y saber tratar a sus amigos cuando son ellos los anfitriones, encargándose de que lo pasen bien y que se diviertan. Cuando los niños son pequeños, es aconsejable mostrarles nuestra satisfacción cuando demuestran buenos modales, debemos elogiarles su comportamiento y hacerles saber lo contentos que estamos por ello. Eso le motivará a seguir utilizándolos. 3. Buenos modales en la mesa Mesa. Aprender a comportarse en la mesa es parte de la buena educación. Podemos citar otro refrán español no menos cierto que el anterior: "En la mesa y en el juego se conoce al caballero". Para ser ecuánimes, deberíamos añadir que a la dama también se la conoce en estas ocupaciones. En la mesa al igual que en otros lugares, los niños han de aprender a comportarse. Para ello deben empezar sentándose con la ropa limpia y completamente vestidos. No podemos permitir, aunque haga calor, que coman sin camisa. Las manos han de estar limpias, deben acostumbrarse a lavárselas siempre antes de comer. Antes de empezar a comer, deben esperar a que todas las personas de la mesa estén servidasy a que sea un adulto el que empiece a comer. La postura ha de ser erguida, no pueden dejarse caer en la silla ni invadir el espacio de otro comensal. Hemos de enseñarles a utilizar correctamente los cubiertos, cómo se cogen, cómo se corta y dónde colocarlos mientras comen. Deben masticar con la boca cerrada y no hablar con la boca llena. Nunca se les debe permitir que jueguen con la comida o la tiren. Las servilletas han de colocarlas en el regazo, utilizándola para limpiarse los labios antes y después de beber, o para limpiarse alguna mancha de comida. Un niño bien educado aprenderá a comer todo tipo de comidas que coman los padres. No debe haber espacio para el "eso no me gusta". Se come el menú familiar y basta. Si empiezan a hacerse concesiones a los caprichos gastronómicos de los niños, luego será muy dificil acostumbrarlos a seguir una dieta normal. Una buena educación culinaria evitará un niño remilgado al que no le gusta eso o lo otro o come siempre puré o picado, haciendo de la hora de la comida un pequeño drama. Así se favorecerá una alimentación variada que además será positiva para su adecuada nutrición. Los buenos modales en la mesa también consisten en mantener una actitud correcta hacia los demás comensales, prestando atención hacia lo que se conversa y tratando de mantener una conversación entretenida. Los padres deben aprovechar los momentos de las comidas para comunicarse y dialogar con los hijos. Para ello es fundamental acostumbrarse a comer con la televisión apagada. Dª. Trinidad Aparicio Pérez Psicóloga clínica. Psicóloga escolar Centro de Psicología Alarcón. Granada.

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